¿Es la “ideología de género” un riesgo para las infancias? Lo que dice la evidencia

Desde un enfoque de salud mental, analizamos el impacto real de sacar la Educación Integral en Sexualidad (EIS) de las aulas de clase.

LGBTQI+
Health
Sexuality
19/6/2026
Ángela Cruz

Uno de los grandes puntos de conversación en el actual debate electoral colombiano es la propuesta de eliminar la llamada “ideología de género” en la educación. Sin embargo, es complicado entender lo que esto implica cuando el término no corresponde a ninguna teoría académica, política pública o enfoque pedagógico formalmente reconocido. La “ideología de género” es en realidad un concepto amplio y difuso, impulsado principalmente por sectores políticos, religiosos y sociales conservadores para referirse de manera crítica a ideas relacionadas con la igualdad de género, los derechos de las mujeres y los derechos de las personas LGBTIQ+.

Esto significa que, cuando en campañas políticas se propone "eliminar la ideología de género que se enseña en los colegios", el significado concreto puede variar según quién lo plantee, lo cual la hace una propuesta difícil de traducir en acciones, y obstaculiza verificar su cumplimiento. En general, esta postura se opone directamente a la inclusión de temáticas asociadas a la Educación Integral en Sexualidad (EIS). Es importante entender que la EIS no es una materia específica: contenidos relacionados con género, sexualidad, inclusión, violencia y temas similares suelen aparecer de manera transversal en áreas como ciencias sociales, ética, educación para la ciudadanía, biología y convivencia escolar.

¿Qué es y qué no es la EIS?

En el debate público, quienes critican la enseñanza de estas temáticas suelen afirmar que las escuelas promueven cambios de identidad de género, la exposición temprana de las infancias a contenidos sexuales inapropiados o el rechazo de valores familiares tradicionales. Estos mensajes suelen presentarse como advertencias sobre una supuesta agenda de "adoctrinamiento" o "sexualización" de la infancia.

Sin embargo, cuando se revisan los lineamientos de Educación Integral en Sexualidad promovidos por organismos internacionales y por muchos sistemas educativos, los contenidos suelen centrarse en aspectos como el conocimiento del cuerpo y el autocuidado, la prevención del abuso sexual y la prevención de embarazos e infecciones de transmisión sexual en edades apropiadas. También abordan el consentimiento y el respeto por los límites personales, así como la prevención del acoso y otras formas de violencia, la promoción de la igualdad de género, la inclusión y el respeto por las diferencias. Además, buscan fortalecer habilidades socioemocionales y fomentar la construcción de relaciones saludables.

Entonces, ¿qué implica sacarla de las aulas?

Para empezar, se debe reconocer que la inclusión de estos contenidos en la educación escolar no surgió de manera arbitraria. Existe evidencia internacional consistente de que los programas de educación sexual integral, prevención de violencia y promoción de entornos escolares inclusivos pueden favorecer la salud mental, salud sexual y reproductiva y el bienestar de niños, niñas y adolescentes. En consecuencia, bajo una mirada de salud pública y salud mental, organismos como la Organización Mundial de la Salud, la UNESCO y la UNICEF han respaldado la educación sexual integral y las estrategias escolares de inclusión y prevención de la violencia como medidas que contribuyen al bienestar y desarrollo de niños, niñas y adolescentes.

Esto se debe a que los entornos educativos en los que se fomenta el diálogo empático, la enseñanza inclusiva y la no discriminación se configuran como factores protectores para la salud mental de las infancias y adolescencias. En su ausencia, diversos estudios muestran que niños, niñas y adolescentes LGBTIQ+ presentan mayores riesgos de depresión, ansiedad e ideación suicida cuando experimentan rechazo, discriminación o invisibilización. En el mismo sentido, la evidencia internacional ha encontrado que ambientes escolares que promueven la inclusión y el respeto se asocian con menores niveles de ansiedad, depresión y acoso, especialmente entre estudiantes que son percibidos como diferentes por razones de género, orientación sexual, discapacidad, origen étnico u otras características.

Por otra parte, la EIS, al promover el diálogo informativo y libre de juicio facilita el reconocimiento de situaciones de violencia en sus relaciones, entornos familiares, contexto escolar y social. Sin ello, algunos niños, niñas y adolescentes pueden tener más dificultades para identificar situaciones de riesgo o saber a quién acudir en busca de apoyo, especialmente en casos de violencia sexual, violencia de pareja, acoso escolar o discriminación.

Por el contrario, no hay evidencia que respalde que eliminar la conversación sobre temas de género, sexualidad, igualdad y derechos mejore la salud mental en la juventud. Tampoco existe evidencia de que su eliminación reduzca la presencia de orientaciones sexuales o identidades de género diversas entre niños, niñas y adolescentes. En este sentido, a la luz de la evidencia disponible, propuestas orientadas a restringir estos contenidos educativos contribuyen principalmente a reforzar dinámicas de invisibilización y silencio, aumentando así la desinformación en las infancias y adolescencias, y profundizando situaciones de violencia y desigualdad estructural.

Otros artículos

Más artículos