¿Qué ocurre cuando sufrimos un suceso de violencia y no sabemos cómo nombrarlo, cómo denunciar o qué opciones tenemos a nuestra disposición? Esta es una pregunta central para nuestro trabajo desde la Línea Jacarandas. Desde la apertura de la Línea, recibimos a diario consultas por mujeres que han vivido experiencias de violencia basada en género (VBG) y buscan orientación para sus próximas acciones. Partimos de una premisa primordial: todas las personas tienen derecho a ser escuchadas y a recibir información suficiente, veraz y comprensible para tomar decisiones de manera consciente e informada, reconociendo su autonomía y agencia.
Es bajo este principio que, a partir de julio del 2025, ampliamos nuestro alcance con una ruta específica de orientación para casos de violencia sexual. También es a raíz del creciente número de consultas que decidimos crear una ruta especializada para casos de violencia de género digital (VGD), que entró en funcionamiento en mayo de 2026. En un año desde que empezamos a orientar de manera particular en estos casos, hemos recibido 839 consultas relacionadas con VBG, que incluyen 375 consultas por situaciones de violencia sexual y 105 casos de VGD.
¿Qué hemos aprendido?
El ejercicio de escuchar, dialogar y asesorar a quienes nos consultan nos ha enseñado que estos datos son una fuente privilegiada de información para llegar a una caracterización de las mujeres que atraviesan este tipo de experiencias. Pero la escucha, en un sentido político, también nos exige indagar sobre la forma en que las mujeres reconocen, nombran y buscan respuestas frente a las violencias que viven, incluso cuando sus experiencias no encajan fácilmente en categorías jurídicas o institucionales.
Los relatos que escuchamos muestran que reconocer una experiencia como violencia no siempre significa poder nombrarla o clasificarla con facilidad, mientras que distintas formas de violencia pueden coexistir en una misma experiencia. También nos revelan que buscar una respuesta implica muchas veces enfrentarse a dudas sobre qué ruta seguir, dónde acudir o qué esperar de las instituciones. A partir de ello, identificamos nuevas necesidades frente a violencias que se trasladan y amplifican, particularmente en los entornos digitales, y muestran que las barreras no terminan necesariamente cuando una mujer decide activar una ruta institucional.
Este análisis (y mucho más) lo pueden encontrar en nuestro más reciente informe Amiga, yo sí te creo, disponible para su consulta en este enlace, en el que recogemos lo que un año de asesorías sobre VBG en la Línea Jacarandas nos permite comprender sobre las violencias que enfrentan las mujeres, sus necesidades de orientación y los retos que aún persisten en el panorama nacional.
En ese sentido, la escucha se convierte en una herramienta para producir conocimiento y fortalecer el acceso efectivo a derechos, en tanto nos permite identificar patrones, vacíos y necesidades que de otro modo pueden quedar fuera de los registros institucionales. También creemos que el derecho a ser escuchadas debe trascender los espacios de acompañamiento y convertirse en un principio de la respuesta institucional. Por ello, el informe incluye una serie de recomendaciones al Estado orientadas a fortalecer una escucha activa de las experiencias, necesidades y decisiones de las víctimas, y a traducir este ejercicio en acciones de prevención, atención, protección y reparación más coherentes, accesibles y efectivas.


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