Javier Milei encontró un nuevo culpable para explicar los problemas de Argentina: nuestros pañuelos verdes. En un discurso reciente, responsabilizó al feminismo y al aborto por la caída de la natalidad, argumentando que cada vez nacen menos niños y que eso pone en riesgo el futuro económico y previsional del país. El discurso llegó pocos días después de que Argentina se sumara al Consenso de Ginebra, una declaración internacional que se presenta como defensora de las mujeres y las familias, pero que en realidad es una iniciativa antiderechos que defiende que no existe el derecho al aborto y cree que hacer que las mujeres tengan más hijos es lo que salvará a la humanidad. Esta declaración, al igual que lo que dice Milei, está llena de falsedades.
¿Impriman más obreros?
El argumento de Milei puede resumirse así: hacen falta más trabajadores, por lo tanto hacen falta más nacimientos. De los creadores de “impriman más billetes”, llega ahora “impriman más obreros”. El problema es que la caída de la natalidad argentina no empezó con la legalización del aborto ni puede explicarse simplemente por el feminismo. Los nacimientos llevan años disminuyendo y, según el propio UNFPA, una parte importante de las personas tiene menos hijos de los que quisiera debido a dificultades económicas, problemas de vivienda, falta de redes de cuidado y precariedad laboral. Es decir, si realmente preocupa que nazcan menos niños, la respuesta debería ser preguntarse por qué tantas personas sienten que no pueden permitirse tener los hijos que desean, no culpar a quienes decidieron no tenerlos.
Además, el pronatalismo parte de una idea bastante limitada: que la solución a los problemas económicos consiste en producir más trabajadores. Pero si lo que hacen falta son trabajadores, ¿por qué no nos preguntamos primero qué pasa con las personas que ya pueden trabajar? Las mujeres, que representan aproximadamente la mitad de la población en edad laboral, siguen enfrentando mayores dificultades para acceder al empleo y una enorme carga de trabajo de cuidado no remunerado. Las personas discas encuentran barreras enormes para incorporarse al mercado laboral y el edadismo expulsa a muchas personas que todavía podrían y quieren trabajar. Al mismo tiempo, la informalidad y la precariedad siguen siendo problemas estructurales.
La contradicción se vuelve todavía más evidente cuando se observa la economía argentina. Desde la llegada de Milei se han perdido decenas de miles de empresas y cientos de miles de empleos formales. En ese contexto, responsabilizar a las mujeres porque dentro de veinte años podrían existir menos trabajadores resulta una forma bastante conveniente de evitar preguntas sobre el presente. ¿Qué está haciendo el modelo económico libertario de Javier Milei para que las empresas sobrevivan? Porque más de 30 mil empresas han cerrado bajo su gobierno. Además, ¿Qué está haciendo su modelo que deja en segundo plano los derechos de los trabajadores para que existan empleos más dignos?
El pronatalismo ve a las mujeres como fábricas
El problema del pronatalismo es que convierte a las mujeres en instrumentos de una política económica. Nuestros cuerpos aparecen como fábricas de futuros obreros y nuestras decisiones reproductivas como variables que deberían ajustarse a las necesidades del "libre mercado". Pero una persona no debería tener hijos para solucionar el sistema de pensiones ni para garantizarle mano de obra a la economía. Si una mujer quiere tener hijos, el Estado debería crear las condiciones para que pueda hacerlo sin quedar condenada a la pobreza o a la sobrecarga de cuidados. Y si no quiere tenerlos, debería poder decidirlo sin que el Gobierno convierta su decisión en una amenaza económica.
Las mujeres no somos una reserva de mano de obra. No existimos para producir futuros trabajadores, contribuyentes o consumidores. Una política que busca aumentar la natalidad debería empezar por garantizar libertad reproductiva y condiciones materiales dignas, no por restringir el derecho al aborto o culpabilizar a quienes toman decisiones distintas a las que el gobierno derechista de turno quisiera.
Milei y los pronatalistas se equivocan de problema, y lo saben perfectamente. Culparnos a las feministas, y a las mujeres por no tener más hijos, no es más que una distracción de sus modelos económicos de explotación obsesionados con el control sobre los cuerpos de las mujeres. Es por eso que hoy más que nunca es esencial que nuestro movimiento continúe. Ondear los pañuelos verdes que culpan por una generación de mujeres autónomas (como si eso fuera algo malo) es nuestra manera de decir que somos imparables, que nuestra lucha sigue, y que no pondrán la carga simbólica de la crisis sobre nuestras espaldas (o nuestros úteros).
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